La palabra Religión, a veces usada como sinónimo de fe o sistema de creencias, se define comúnmente como creencia concerniente a lo sagrado y divino y a los códigos morales, prácticas, rituales, valores e instituciones relacionadas a dicha creencia. En ocasiones, la palabra religión se usa para designar lo que debería ser es decir, organizaciones que soportan el ejercicio de ciertas religiones, frecuentemente bajo la forma de entidades legales.Uno de los aspectos en los que, sin duda, los padres tenemos dificultad para influir en los hijos es la religión, lo que se vuelve frecuentemente una batalla, porque los padres queremos introducir a los niños a un ámbito que no les llama, en absoluto, la atención pero que, sin embargo, es fundamental para su formación espiritual y humana.
Es normal y, hasta cierto punto, comprensible que al principio haya resistencia de los hijos para acompañar a los padres a los centros religiosos sin embargo, en ese momento, ambos progenitores tenemos la responsabilidad de explicarles a los pequeños el motivo de acudir a esos lugares que no les llaman la atención y que, por el contrario, les inspiran todo menos el interés de asistir a aprender temas que, para su edad, resultan difíciles de asimilar por su contenido pasivo.
En este contexto, es fundamental que los padres tengan una sólida formación y preparación en la religión que profesan pues, de lo contrario, si pretenden conducir a los hijos por ese camino y con carencias en el conocimiento de los fundamentos básicos, además de llevarlos por la fuerza, seguramente se habrá perdido el objetivo de que acudan con gusto y conozcan el lado positivo de profesar una religión.
De acuerdo con el amor de Dios los hijos deben ser guiados a la religión sin presiones, dejando que ellos vayan formando su fe conforme a su nivel de desarrollo. Además, los padres deberán estar dispuestos y receptivos a contestar cualquier pregunta que los pequeños planteen cuando experimenten confusión o dudas sobre los diferentes rituales que se realicen en los centros religiosos a los que asistan habitualmente.
Cabe destacar que, en este sentido, en la mayoría de las religiones, existen lugares y horarios especiales destinados para los niños, de tal forma que la enseñanza de los conceptos religiosos se realice gradualmente y en términos lo más comprensible posible; sobre todo, se busca que, durante estas sesiones, se apliquen dinámicas y juegos que hagan atractivo el aprendizaje de los fundamentos de la religión así como el porqué de cada parte de los rituales que se practican.
Otra de las recomendaciones en las que hacen énfasis los expertos en conducta consiste en que se deben evitar, a toda costa, regaños a los hijos relacionados con la religión, tales ya que se estará infundiendo temor hacia Dios, cuando lo que se pretende es todo lo contrario, es decir, fomentar que Dios es amor.
De igual forma, los especialistas hacen especial cuando afirman que a los hijos hay que enseñarles sin obligarlos cuando se inicien en su formación religiosa, pues "forzar a un niño a creer y actuar de ciertas maneras crea rebeldía y una concepción de falta de libertad, en lugar de sentimientos positivos. O, por el contrario, buscará imitar a los mayores, sin quizás entender lo que dicen o hacen".
La recomendación principal que hacen los psicólogos es en el sentido de que, si bien es importante fomentar la espiritualidad y la instrucción religiosa, no menos importante es dejar que los niños disfruten su crecimiento en cada etapa libres de presiones que los aten a una obligación de tal forma que para los padres, en ocasiones, se vuelve una obsesión conducirlos a la religión que desean que profesen sus hijos por el resto de sus vidas.
Sin embargo, esto no significa que los padres debemos abandonar la idea y la responsabilidad que tenemos de guiar a los hijos en su formación religiosa, pues esta será una valiosa ayuda en estos tiempos en que los problemas de diversa índole nos agobian, sobre todo los relacionados con la inseguridad.
En esos momentos difíciles, la religión es un bálsamo que ayuda a curar muchas heridas, nos proporciona paz y tranquilidad interior que sólo es posible alcanzar cuando recurrimos al auxilio de un ser superior al que llamamos Dios. y podemos disfrutar de los privilegios de ser llamados hijos de de Dios.






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