
Luego de 15 años de su muerte, sigue siendo recordada por todos como una auténtica ‘princesa de corazones’.
Antes de morir ya era eterna, un mito en sí misma.
Su belleza, su clase, su donaire, la dulzura de su rostro –aunque, luego de años de matrimonio, escondió su sonrisa a causa de la bulimia, la depresión, los paparazzis y la presión de la monarquía británica– siguen vivos.
La indeleble ‘reina de corazones’, quien posee el récord Guinness como la mujer que más portadas de revistas y periódicos ha protagonizado en la historia, fue la responsable de que, justo en la fecha de su muerte, la realeza inglesa se topara de frente con unos de los picos de popularidad más bajos en toda su historia, pues, el pueblo inglés entendió la llegada de Diana a la Casa Real, con su carisma y candor, como una renovación a la desgastada y cada vez más cuestionada figura acartonada de la monarquía.
Con un matrimonio considerado forzado por muchos, Lady Di se convirtió en Su Alteza Real el 29 de julio de 1981, y dejó de serlo en 1996, cuando se divorció finalmente.
Sin el peso de pertenecer a la Casa de Windsor, una de las más antiguas, conservadoras y tradicionales del mundo, encontró la libertad en las obras sociales que nunca dejó de realizar, pero sobre todo, en los brazos de Dodi Al Fayed, un multimillonario empresario egipcio con quien encontró la muerte en París, en medio de una ‘escapada’ romántica.
Diana, quien desapareció hace 15 años, sigue estando sin estar en el alma del pueblo británico.
En la vida de sus hijos Guillermo y Harry, y en innumerables noticias que hoy la siguen retratando como la protagonista de un cambio en la historia de la monarquía británica.
Su imagen es mito y leyenda, y ya se aseguró un cupo a la eternidad. Lady Di será princesa por siempre.






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