No todos los días nos sentimos igual de animados y positivos. El día a día nos trae preocupaciones, malestares y hasta sucesos que impactan con fuerza, haciendo que nos tambaleemos y hasta caigamos en tristezas y desánimos
.La Fe es una fuerza que nos ayuda a superar esos momentos, ya que sabemos que Dios quiere lo mejor para nosotros y que los padecimientos se transforman en oportunidades de crecimiento para nosotros
.Pero ¿Cómo nos ayuda nuestra fe?
Voluntad honesta, amor reflexivo y esperanza que acompaña a la fe. En los momentos en que nuestro ánimo decae, la voluntad se debilita e intenta buscar el mínimo esfuerzo, el mínimo compromiso
.Podemos decir que el amor que tenemos por los demás y por Dios mismo, se encoje y se esconde para no tener que dar la cara ante nuestros problemas
.Nos encerramos en nosotros mismos, cuando encerramos el amor que llevamos dentro
.En ese momento en que voluntad se minimiza y el amor se esconde, la fe se separa de la esperanza pareciendo ajena a ella
.Parece que la fe es algo autónomo que portamos para cuando nos haga falta y en los momentos de ánimo bajo, la fe innecesaria e inútil
.Entonces la esperanza termina por desvanecerse y nos quedamos solos y desamparados. Aislados de los demás y de las circunstancias y deprimidos porque no vemos utilidad en nuestra fe
.obrar por amor sin pensar en nuestro bienestar y nuestra comodidad. Aceptando la voluntad de Dios y actuando por amor, abrimos el corazón a la recepción de la gracia que nos transforma
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