Cuando se producen cambios tan llamativos en una institución más que milenaria y sobre todo tan intrigante como la Iglesia Católica romana, uno está obligado a hacerse preguntas

Mucho más si los cambios implican incógnitas en dos sentidos, como ocurre con la designación de un jesuita nacido en Argentina para el trono de Pedro. Un hombre que, además, adopta el nombre de Francisco, con la carga de significados que ya se esbozó largamente desde el miércoles
¿Quién cambió más, la institución o la orden que por primera vez en casi 500 años de vida coloca a un soldado de Ignacio en el Vaticano?
Jorge Bergoglio, el papa nacido en el porteño barrio de Flores de una familia italiana, dijo al asumir, con tono de sorna, que lo habían ido a buscar "al fin del mundo"
Visto desde Roma, antiguamente el centro de todos los caminos posibles, seguramente se verá a este rincón del planeta como el confín de la Tierra. Sin embargo, fue aquí donde los jesuitas concretaron su experimento más exitoso y a la vez peligroso para los poderes establecidos
¿Será Francisco el Papa para construir la otra Iglesia que se espera en estas regiones o el que, como Juan Pablo II hiciera con la Unión Soviética, derrumbará el proyecto de integración latinoamericana? ¿Ocultó sus verdaderas intenciones para llegar al trono y ahora mostrará el rostro de jesuita-franciscano auténtico? Eso está por verse. Por lo pronto, haber dicho que llegó a Roma desde el fin del mundo no parece una buena señal
Porque desde hace algunos años esta parte del planeta anda queriendo demostrar que una Tierra Sin Mal es posible






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